Paul McCartney concedió una entrevista al sitio chileno “Culto”, del diario “La Tercera”, a pocos días de su vuelta al país trasandino a través de la gira “Freshen Up” que luego depositará en la Argentina y Brasil.

La nota realizada por Claudio Vergara dejó varios títulos relacionados a Los Beatles, con algunas declaraciones interesantes de Paul, quien continúa con la tradición de llamar a los reporteros como si fuese un amigo o pariente cercano.

Adjuntamos el artículo completo aquí:

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Suena el teléfono. Sir Paul está llamando. “¡Hola! Esta es una llamada de Inglaterra. La estabas esperando. Justo voy manejando, así que espero que la señal (de celular) se mantenga”, dice el músico al contactarse directamente con Culto, sin intermediarios, saludando como un hijo de vecino; quizás como una forma de comprender que cualquiera que esté al otro lado de la línea batalla contra los nervios al enfrentar por unos minutos no sólo a uno de los músicos más influyentes de todos los tiempos, sino que también a uno de los personajes más significativos del siglo XX.

Pero el inglés no sólo es un héroe atado al pasado. Al hombre que escribió “Yesterday” hace años le llegó el momento de traer el ayer a sus días de adultez. Después del asesinato de John Lennon en 1980 y de la muerte de George Harrison cerca de dos décadas después, en 2001, el nuevo milenio hermanó a Paul y Ringo como los únicos sobrevivientes capaces de contar y preservar la historia de The Beatles. Aunque bajo una diferencia: McCartney estuvo ahí desde el Big Bang del conjunto en Liverpool y se transformó en la otra mitad de la dupla creativa que dio vida a la parte fundamental de su discografía.

Por eso, en los últimos años ha montado giras globales en cuyos shows viaja por casi todos los capítulos de los Fab Four, desde sus inicios empapados en anfetaminas en Hamburgo, hasta el despegue de traje y corbata en Londres, el éxtasis planetario de la Beatlemanía, los trances alucinógenos, el trauma de la ruptura, e incluso los días en que la vida los separó para siempre, con sentidos homenajes a sus dos camaradas ya fallecidos.

De eso se trata el tour Freshen up, iniciado el año pasado y que retoma su ruta este miércoles 20 en el Estadio Nacional, en su cuarta visita luego de 1993, 2011 y el doblete de 2014 en el Movistar Arena. A los 76 años, ya en el último tramo de su existencia, Macca quiere extender su herencia por todas las latitudes posibles. “Cada vez que hemos estado en Santiago, todos lo han disfrutado mucho. Siempre pasamos un rato genial: el equipo, mi banda y yo. Así que siempre ha sido fabuloso, los fans chilenos son fantásticos y espero tener una fiesta con ellos”, promete.

En sus últimos recitales, Paul interpreta un promedio de 40 temas. Están los éxitos de su banda setentera Wings, uno que otro bocado de su vida en solitario, pero luego aparece lo inevitable. La mitad de su repertorio gira en torno a sus años en The Beatles, con algunas canciones que tocaron muchísimas veces en la primera mitad de los 60, como “Love me do”, “A hard day’s night”, “All my loving” o “From me to you”; pero la mayoría abrumadora son aquellas que nunca llegaron a cantar frente a una audiencia, como efecto de su adiós a las giras en 1966 ante el desenfreno de sus seguidoras, como “Eleanor Rigby”, “Back in the U.S.S.R.”, “Let it be”, “Lady Madonna”, “Helter skelter” y sorpresivamente algunas que son obra 100% de Lennon, como “Being for the benefit of Mr. Kite!”.

¿Qué siente cuando hoy canta temas que nunca pudo interpretar en vivo con John, George y Ringo?

-Es genial, por la sencilla razón de que por eso fue que lo hicimos, porque me di cuenta de que nunca las habíamos tocado en vivo antes. Simplemente las escribimos, las grabamos, pero nunca pudimos mostrarlas en un escenario. Me parece que es bueno hacerlo. Es un poco atemorizante, porque algunas son un tanto difíciles. “Mr. Kite”, por ejemplo, es muy difícil de cantar y de tocar el bajo al mismo tiempo. Así que por un tiempo pensé: ‘No, no voy a hacerlo, ¿quién necesita meterse en tantos problemas?’. Pero luego me dije: ‘¿Sabes qué? Es un reto’. Así que intenté aprenderlas y logré hacerlo. Me resulta emocionante hacerlo ahora, justamente porque nunca las toqué con los Beatles. Es muy divertido.

Cuando mira su historia en el grupo, ¿su gran dolor fue quizás no haber hecho más shows para tocar estos temas?

-No, realmente no, porque tocamos tantas canciones juntos. Fue genial e igualmente con mi banda de ahora sólo tocamos algunas de esas canciones. Hay otro millón que nunca llegué a tocar con los Beatles. Pero simplemente pienso en todos los buenos momentos en los que tocamos juntos, en tantas canciones que hicimos a lo largo de los años. Recuerdo esos momentos. No me preocupo por los temas que no tocamos.

A fines de enero se cumplieron 50 años del legendario concierto en la azotea del edificio Apple. ¿Pensaron en ese instante que nunca más iban a estar juntos en un escenario?

-No, realmente no. No nos dimos cuenta de que era la última vez. No pensamos tampoco en que se convertiría en un espectáculo tan icónico. Justamente porque también pensamos en cientos de ideas locas para tocar: queríamos estar en el océano, en el medio de la nada, o también pensamos en un anfiteatro de Marruecos. Tuvimos miles de ideas, pero no le gustaron a nadie. Todas parecían muy difíciles. Así que al final dijimos: ‘Vamos a montarnos en un techo a tocar’. Y la idea más sencilla se convirtió en la más icónica. Es lo que muchos han copiado desde entonces. Tengo muy buenos recuerdos de ese show, porque finalmente son recuerdos de los Beatles. Cada vez que estábamos juntos se generaba algo especial, y no fue un largo tiempo, pero fue bastante intenso. Estuvimos en Hamburgo, Liverpool, Inglaterra, Europa, Estados Unidos. Así que estar en el techo fue genial, porque cuando miro la grabación se ve que era muy difícil para nosotros romper como banda. Aún tocábamos increíble. Respondíamos a los instrumentos del otro. Fue un momento muy especial y por eso se ve tan bien.

En los 70 se siguieron viendo. Usted visitó varias veces a John en su departamento en Nueva York y tocó con Ringo en su disco homónimo de 1973. ¿Existió alguna oportunidad concreta en que pensaron volver como grupo?

-No. Recibimos muchas ofertas, pero una vez que nos separamos dijimos: ‘Es mejor que no intentemos hacer esto de nuevo. Es mejor si lo dejamos así’. Así que acordamos en seguir tal filosofía, eso fue lo que hicimos.

Si John y George aún estuvieran aquí, ¿cree que los Beatles se hubieran juntado en la adultez?

-Sabes, en la única ocasión que nos reunimos fue para “Free as a bird”, cuando tomamos los demos de los casetes de John e hicimos una canción juntos (N. de la R.: un tema grabado en los 90 por los tres Beatles sobrevivientes con antiguas cintas de Lennon). Fue genial. Esa era la clase de ‘reunión’ en el estudio por la que nos habíamos juntado desde un principio: para hacer esa clase de cosas. Y luego también grabamos “Real Love”. Pero eso fue lo más cerca que llegamos a estar de un regreso. Hubo gente que nos ofreció un millón de dólares y más por tocar una única vez, pero nunca quisimos hacerlo. Compusimos tantas canciones, de la A la Z, y ya estaba bueno de eso. La pasamos bien, habíamos tenido una gran historia y no quisimos arruinarla.

En ocasiones, ¿sueña con sus amigos ya fallecidos?

-¿A qué te refieres? ¿A cuando estoy durmiendo?

Claro. ¿Se le aparecen a veces en sus sueños?

-Sí, definitivamente. He soñado que todos volvemos a estar juntos. Sí. Es interesante, es como en los viejos tiempos. Ya sabes, a veces los sueños pueden hacer cosas mágicas.

En la memoria

Paul McCartney no tiene problemas en reflexionar una y otra vez acerca de su pasado. Lo hace con entusiasmo, con respuestas extensas, bien digeridas, un auténtico deleite para los fanáticos, pese a que ya cuenta casi medio siglo merodeando los mismos temas.

El mundo guarda una imagen igual de afable en una de sus últimas apariciones públicas. Cuando participó en el segmento Carpool Karaoke del espacio estadounidense The late late show, el conductor James Corden lo subió a su auto y lo llevó a recorrer algunos de los sitios más evocativos de Liverpool, como la calle Penny Lane o su casa de infancia: cualquiera que haya visto ese video terminó con la garganta apretada. Por esos mismos días, y como parte de la promoción de su nuevo disco, Egypt station (2018), volvió a presentarse en el club La Caverna y caminó nuevamente por el cruce de Abbey Road.

-En sus últimos proyectos, pareciera que siempre recuerda esos años previos a la fama, cuando por única vez fue una persona que llevó una vida normal y no la de un ícono. En su álbum Chaos and creation in the backyard, de 2005, en la carátula aparece una imagen de usted en su adolescencia. Y en New, de 2013, hay una canción de los comienzos de su amistad con John.

-Sí, ya sabes. Pienso que es genial recordar. Creo que es algo bueno para todo el mundo. A la mayoría de personas les gusta recordar sus infancias, las épocas en donde eran completamente inocentes. Y además, todo el que escribe en ocasiones lo hace acerca de épocas que ya no están. Es un área muy rica para escribir: tu memoria. Es bueno recordar. Cuando escribo acerca de esos momentos, me vienen muchas escenas de cuando era joven, caminando por la calle con nuestras guitarras en las espaldas. Eso era justo antes de que fuésemos famosos. También me gusta lo que pasó después, pero acordarme de esos tiempos es muy divertido. Recuerdas a tu familia cuando eras un niño y todas las cosas que tus padres hacían por ti. Tus tíos y tías, tus primos. Yo, al menos, tuve suerte de tener una buena familia.

¿Diría que su amistad con John es algo que sucede sólo una vez en la vida?

-Probablemente.

Pero imagino que fue difícil para usted volver a encontrar un amigo como John.

-Sí. Pero también había otros dos miembros de los Beatles: George y Ringo. Todos fuimos increíblemente afortunados. Era una combinación mágica, ¿sabes? Yo tenía a John y a George y a Ringo, pero también John tenía a Paul y a George y a Ringo, y Ringo a George, a Paul y a John. Nos teníamos el uno al otro y eso fue, en definitiva, una combinación especial.

¿Reflexiona habitualmente acerca de uno de los grandes temas del ser humano: qué hay después de la muerte? ¿Piensa en lo que va a pasar con su legado cuando no esté?

-No pienso mucho en eso, debo decirte. Me concentro más en la vida. Es decir, sé que eso (la muerte) pasa. Nos pasa a todos, eso es seguro, pero realmente no me molesta. Cuando sea tiempo de irme, me iré.

Mucha gente lo asocia con melodías dulces y amigables, pero olvida que usted escribió “Helter skelter”, donde están las raíces del heavy metal, y que fue el primer Beatle en acercarse a las vanguardias y los sonidos experimentales en los 60. ¿Cree que es una visión injusta?

-Sí, lo sé. Sé a lo que te refieres y está bien. La cosa es que estoy feliz con que me vinculen con las melodías. Amo eso, pero muchas personas saben que, como tú dices, tengo los dos lados. Dos, por lo menos. Tengo también ese lado muy rock and roll con el que hice cosas como “Helter skelter” u otras como “Why don’t we do it in the road?” Así que, sabes, no me importa que las personas puedan pensar eso de mí. Creo que los que menos saben de mí, más cosas piensan. Pasa lo mismo con John. Creen que John era el duro y un tanto cruel, pero podía ser bastante romántico. Y compuso muchas canciones románticas. Todos éramos personas bastante completas.

Menciona dos canciones del Álbum blanco, de 1968. En noviembre apareció una edición de aniversario con tomas nunca publicadas y con una versión del tema “Good night” donde los cuatro cantan muy unidos. Esa etapa siempre ha sido indicada como el inicio de las turbulencias en los Beatles. ¿Realmente fue tan difícil o es sólo parte de la leyenda?

-Es que éramos tan profesionales y estábamos tan enfocados en grabar buenos álbumes que, en ocasiones, naturalmente podíamos pelear. Como cualquier familia. Incluso así nos queríamos y nos llevábamos muy bien. En ocasiones podía haber discusiones, pero seguramente tú con tu familia también las hayas tenido. Es lo normal y sucedía porque siempre queríamos grabar grandes álbumes.

El británico también sabe que en el último tiempo se ha esforzado por despachar grandes álbumes. Para explicar esa activa madurez -con recitales que rasguñan las tres horas, un sólido último disco que lo hizo conseguir su primer número uno del Billboard en 36 años y una categórica resistencia al retiro-, simplemente subraya que no intenta mantenerse vigente por necesidad. “Lo hago por placer”, aclara.

En su disco reciente, trabaja con algunos de los más cotizados productores del pop actual. ¿Es una forma de seguir buscando nuevas rutas para su música?

-Sabes, disfruto de hacer cosas nuevas y de hacer cosas frescas. Así que, cuando se me presenta la oportunidad de trabajar con alguien a quien admiro y con el que no he trabajado antes, o de hacer una canción de forma diferente, esto me mantiene fresco. Lo hago. Mantiene mi energía fluyendo y simplemente lo disfruto. Para nada es una necesidad.

En Egypt station hay canciones que tratan del cambio climático y de la paz en el planeta. ¿Tiene alguna opinión de lo agitado del mundo actual, con Trump en EE.UU. o el Brexit en Inglaterra?

-Sí. (Mucho de lo que pasa hoy) es estúpido. Creo que pasa como con la moda: las cosas van en ciclos. Tienes buenos tiempos, tiempos pacíficos y, eventualmente, parece que hace falta pasar por épocas más turbias. Pienso que todo vuelve como un reloj de péndulo: ya sabes, esos relojes viejos con péndulos que oscilan. Oscila de una forma y tenemos a Trump, pero eventualmente irá en algún momento hacia el otro lado. Así que estoy esperando que oscile al otro lado. Cualquier cosa es mejor que Trump.

Cuando la conversación alcanza los 20 minutos, McCartney avisa que está llegando a su destino y que sólo queda tiempo para una última pregunta rápida. No queda más que buscar el flashazo épico, el titular para la historia, la interrogante lanzada una y mil veces, pero cuya respuesta siempre resuena monumental.

Cuando pasen 200 años, ¿cómo cree que se recordará a los Beatles? ¿Cómo los Mozart o los Beethoven del siglo XX?

-Seremos recordados como la mejor banda de todos los tiempos.

Luego de establecer su lugar en el último tramo de la historia humana, Paul se despide como un mortal más. Como lo haría cualquiera de nosotros: “Oye muchacho, me saludas a tu familia de mi parte, ¿vale?”.

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