El recorrido por las calles de Londres es sumamente atractivo y en algunos casos resulta sorpresivo. Como en cada ciudad, hay mucha historia. Una esquina, una casa o un edificio representaron algo para la historia de la vida inglesa y mundial también. Sin saberlo podes toparte con la morada de alguien famoso, de una mujer o un hombre que dejó su marca. De lejos podes observar un círculo azul con letras blancas, indicio concreto para saber que estás frente a algo trascendental. Como aquellos usuarios de Twitter con una buena cantidad de seguidores que son diferenciados por un tilde de fondo celeste, esos lugares lucen auténticos con la esfera azul.

A principios de septiembre de 2017, antes del colapso económico argentino, procedimos a una renovada visita a Londres. La idea estableció un paseo por los puntos McCartnianos. La casa de Paul en avenida Cavendish, los estudios Abbey Road, la empresa MPL, entre otras referencias. La caminata extensa, pero amena y entusiasta, nos derivó a 3 Savile Row. La máquina imaginaria del tiempo nos transportó a enero de 1969 cuando el final de Los Beatles estaba más cerca que nunca. La estación no era la misma. No necesitábamos bufandas, camperas, guantes y mucho menos abrigo de piel a lo Lennon. Bajo un contexto desolador, sin gente alrededor y pocos autos lujosos en tránsito a la vista de un barrio de alto poder adquisitivo, llegamos al punto exacto de un edificio de 16 ventanas, cuatro de ellas más grandes que el resto, insertadas sobre un fondo de ladrillo separadas por el clásico caño negro inglés, por encima de una puerta custodiada por otras tres ventanas en una pared blanca, con rejas negras por delante y cuatro escalones para su ingreso.

La jornada nos permitió conocer anteriormente la casa donde vivió el general don José de San Martín, mucho antes de su gesta como Libertador de América. Con características similares al de Savile Row, incluida una segunda entrada por el subsuelo, se diferenció por aquel sello de verificación que también poseen la vivienda de un tal Jimi Hendrix o el pub donde una noche coincidieron Paul & Linda McCartney: el círculo azul.

Cuando levantamos la mirada ante la omnipresencia del lugar donde Los Beatles tocaron por última vez, no encontramos rastros de círculo azul alguno. Solo leímos la palabra “Abercrombie”, traducida horas después a una tienda de ropa para chicos. En algún momento, sin tener acceso a internet, dudamos de nuestro conocimiento. Los libros que solíamos leer y las fotografías que se llevaron minutos de nuestra atención coincidían con aquel edificio londinense, pero la ausencia del círculo azul dejaba un resquicio para la confusión. No podía ser de otra manera. Paul, John, George y Ringo tocaron en este espacio, más cerca del cielo en la fría mañana de enero sobre la terraza del por entonces edificio de Apple, la compañía que crearon décadas anteriores a la aparición del revolucionario iPhone.

Por supuesto, elucubrábamos después, Abbey Road no necesita círculo azul. Todo el mundo, o casi todo, sabe que allí se grabaron las canciones más influyentes en la historia del rock. El paso de cebra sobre la calle con millones de fans por año intentándolo cruzar, algunos sin calzado a lo Paul (¿o a lo William Campbell?), se deduce como un círculo azul viviente. No es necesario insertar una placa allí. Va de suyo. Reconocible en los rostros felices de cada fan beatle y en el fastidio inusual del diplomático ciudadano inglés que conduce su auto a la espera de la toma de cuatro amigos simulando un paso firme a través del cruce de calle más simbólico en la cultura de la música.

De ahí tal vez que nuestras huellas sobre Savile Row hayan dejado cierto dejo de decepción. Extrañamos tanto a Los Beatles, padecemos tanto no verlos juntos en un escenario que aquel último concierto, algo improvisado solo para presentar los nuevos temas del siguiente proyecto que derivó en el disco y documental “Let It Be”, significa algo más que un instante breve e insólito en su corta y fructífera carrera. Es decir, una persona que no caiga en las fauces de la obsesión por los datos como nosotros nunca se hubiese dado cuenta que en ese bonito edificio, inglés hasta en el último detalle, Los Beatles ensayaron su despedida en vivo ¡Santo dato beatlemaníaco, Batman!

Sin embargo, a partir de ahora, esa situación no ocurrirá. Cualquiera que camine a metros de ese pedazo de historia beatle, sabrá porqué hay un círculo azul emplazado. “Los Beatles realizaron su última performance en vivo en la azotea de este edificio. 30 de enero de 1969”, aparece en la leyenda de la placa que fue descubierta e instalada por un puñado de entusiastas seguidores de los Fabulosos Cuatro a 50 años del aquel lejano y mágico momento. Uno de ellos es Richard Porter, conocido en esa zona por la guía que ofrece para recorrer los sitios relacionados a la vida de Los Beatles. En la mañana del viernes 5 de abril fue colocada para que nadie quede sin saberlo aunque no hubo flashes, micrófonos o cámaras de los medios de comunicación. Tan solo ellos.

“Llevo más de 25 años guiando los tours de los Beatles en Londres y visito Savile Row al menos tres días a la semana. En casi todos los recorridos me preguntan porqué no hay conmemoración para Los Beatles en el edificio. Por lo tanto, me sentí encantado cuando David Rosen, de Pilcher Hershman, un compañero fanático de Los Beatles que trabaja en Savile Row, se me acercó con la idea de formar un comité para poner una placa azul. Nos juntamos con otros fanáticos de los Beatles, Max Baxter de Mono Media Films y David Stark de Songlink, para que esto sucediera. Como 3 Savile Row es un edificio protegido, tomó mucho tiempo para que se aprobara la placa, pero finalmente nos encantó obtener la luz verde del Consejo de Westminster”, expresó Porter.

Las excusas a veces son buenas. Apelaremos a una de ellas para volver a Londres. Una cosa es pasar por Savile Row sin el círculo azul y otra muy diferente es hacerlo delante de él, ¿no les parece?

1 Comentario

  1. Muy buen artículo y estupenda noticia a celebrar. El pasado diciembre tuve la suerte de poder visitar Londres, y entre las visitas obligatoria que me había planificado había una ruta Beatle con los puntos más destacados. Precisamente este lugar fue el primero que visitamos (antes de pasar por la tienda de Stella McCartney, muy próxima) y aunque nos costó un poco identificarlo, ya que la numeración de los inmuebles se prestaba a equívoco, desde que dimos con él enseguida nos trasladamos al pasado sintiendo cómo podía sentirse uno al escuchar desde tan abajo el último concierto de la mejor banda mustard de la historia.

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