Sin saberlo se aprontaron para la última función con testigos. El frío londinense no los sorprendió ni los amedrentó. El edificio Apple, ubicado sobre la calle Savile Row, le puso color y música a un día normal, corriente y rutinario. La banda de rock más grande de todos los tiempos se dio el gusto, concretó el capricho que derivó en una imagen legendaria.

Las relaciones distaban mucho de las primeros e inocentes días. Habían crecido. En el medio, miles de horas de grabación, otras tantas de conciertos. Todo juntos, durante ocho años. Familias, novias, esposas, nuevos amigos, diferencias musicales, egos incontenibles, finanzas mal ejecutadas y un aroma de fin de ciclo se apoyaron sobre las tablas de la azotea de Apple, el lugar elegido por Los Beatles para el cierre de un documental que los retrató en el peor momento de su vínculo ya no como músicos, sino como amigos.

El 30 de enero de 1969, John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr unieron talento y fuerza para ensayar al aire libre sus nuevas canciones. El tecladista Billy Preston ofició de músico invitado. Su presencia, más allá de sus cualidades musicales brillantes, aportó algo de paz por iniciativa de George con el siguiente razonamiento: la familia se comporta de otra manera, más amable quizás, si un extraño irrumpe en la escena.

El proyecto “Get Back” nació como una intención de volver a las fuentes. La portada ideada fue su máxima expresión. Los Beatles se fotografiaron en el mismo lugar y con la misma postura con respecto a su primer disco, “Please, Please Me”, de 1963.

La música buscó empaparse otra vez de lo sencillo. El regreso al adorado Rock N’ Roll. Los ensayos no fueron fructíferos. Las cámaras de filmación, en una suerte de “Gran Hermano”, intentaron registrar la magia beatle ¿Cómo creaban sus canciones? ¿Cuál era la fórmula? Los estudios de Twickenham recibieron a Los Beatles, impulsados por Paul, pero en horario matutino. Eso no tenía nada de Rock N’ Roll.

Los Beatles, especialmente George, se sintieron intimidados por las cámaras que incluso registraron el enfado de Harrison con McCartney ante una de las tantas sugerencias

del último en el tema “Two Of Us”. George se sintió más menospreciado que nunca por un Paul mandón y un John cada vez más inmiscuido con Yoko y las drogas. Ese sentimiento lo empujó a la renuncia. En ese instante, Lennon apeló a la ironía y soltó el nombre de Eric Clapton como reemplazante de Harrison, pero el autor de “While My Guitar Gently Weeps” finalmente se retractó.

El reingreso de Harrison aportó la inclusión de Preston y la mudanza. La frialdad de Twickenham llegó a su fin con el traslado a los estudios Apple. En el medio se produjo el fracaso de Alex El Mágico quien intentó sin éxito construir un lugar capacitado y ameno para que los músicos registraran sus canciones.

La película, encargada por contrato por los directivos de Apple Corps, necesitaba un gran final y apareció la idea organizar un setlist en la azotea del edificio. De alguna manera, Paul se salió con la suya con aquello de volver a los conciertos, un disfrute que mantiene en la actualidad. Los Beatles renunciaron a ellos en agosto de 1966, siendo Paul el último en admitir que las condiciones no estaban dadas para ofrecer un buen show. McCartney se topó con la negativa de presentarse en reductos pequeños para presentar “Get Back”, luego denominado “Let It Be”, pero encontró consuelo al menos con la presentación en la azotea.

Después de tantas discusiones, Los Beatles se calzaron los instrumentos, encendieron los amplificadores y se ocuparon de su mejor virtud: la música.

A la hora del almuerzo, “Get Back” se escuchó por primera vez. Inmediatamente fue el turno de “Don’t Let Me Down” con los policias detrás porque los vecinos habían alertado a las autoridades a raíz de “ruidos molestos”. Los gritos de McCartney en “I’ve Got A Feeling” percataron aun más a los ciudadanos ingleses de un sonido inusual. Las miradas se dirigieron a la azotea de Apple. Los fanáticos no dudaron en conseguir una mejor visión en edificios aledaños. Londres se revolucionó. John y Paul cantaron “One After 909”, una joya perdida de sus primeras composiciones, y después arremetieron con“Dig A Pony”.

La segunda interpretación de “Get Back” decretó el final. “Gracias en el nombre del grupo y esperamos haber pasado la prueba”, dijo Lennon cuando todo terminó. “Creí que la policía nos iba a sacar a patadas de la azotea, pero solo se limitaron a pedirnos que bajáramos el volumen”, recordó Ringo en “The Beatles Anthology” quien imaginó un final polémico y rendidor para el documental.

Aquel plan derivado de lo simple se convirtió en un hecho histórico. Unos Beatles adultos interpretando sus canciones en vivo. Por primera y última vez un concierto sin flequillos, ni trajes en sincronía y sin los gritos desenfrenados de las fans. Fueron pocos minutos al aire libre que se erigieron en eternos, más aún cuando el sueño terminó.

El concierto de la azotea tuvo algunas réplicas, encarnadas en los irlandeses U2 o la banda argentina Attaque 77 en el videoclip “Beatle”. Hasta los Simpsons lo rememoraron en la historia de los Fabulosos Cuatro con el capítulo de Los Borbotones y la aparición de Harrison con el acertado: “¡Eso ya se ha visto!”.

Pasaron 50 años de aquel encuentro en la azotea, un momento sublime en el mundo de la música, irrepetible y único. Muy beatle, por supuesto.

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